Leandro Hidalgo

Leandro Hidalgo

sábado, 19 de mayo de 2012

Ligamento cruzado
Cómo operarse una rodilla, quizá sana para caminar o apoyarse en una parada, normal a simple vista; cómo someterse de entre todas la voluntades a un martirio, aunque sean tan sólo horas, aunque digan todo eso que a veces nos salvaguarda del tufo espiralado del miedo, aunque me lleven como un gato a comer whiskas, cómo hacerlo. Elegir es una condena, y estamos fijados, presos a ser libres y a tomar una senda, destinados a obrar, a querer algo, condenados a ser libres, nunca pudieron convencerme del todo los estructuralistas. Ya me imagino, entre telas blancas de imitaciones, sedas que colgarán de todo parante, de todo cielo invertido, infinito inventado, el paradigma sabido del celeste de esas habitaciones, la cama del hospital como un taxi (ya lo decían), como un taxi con reloj continuando la cama, reloj en la cabecera, papeles que irán y vendrán buscando el alimento de las obras sociales, la carne osep de los biblioratos inútiles, firmas antes de recostarme sano, o medio sano o quién sabe ya, en esta frutería de elecciones, si elegimos un pomelo o una papa, si nos condenaron a decir, a nacer, a elegir, buscamos la libertad hasta tenerla en una camilla con ruedas chirrosas y gordas que se moverán como pequeñas aletas entre la velocidad a medias, porque no es para tanto, de un pasillo interno en un hospital. Pero el suero, el frío calor de abajo, la aguja metiéndose en la vena azul, mandando droga artificial, la enfermera sin ganas, desnudo debajo de una manta, la noche larga, la paciencia haciendo frente, guerreando pálido, como en un mal momento.
Seguro ver verdes, blancos y celestes, que alguien sea amable y la voz progrese en los minutos anteriores hasta la anestesia, para evitar el dolor físico de una obertura con filo, pero ¡cuídeme la mente que a mí se me graba todo, doc! Nada de eso, sólo el paso siguiente y mucha luz para ver eso de adentro porque por afuera estará la calle igual que ayer y que mañana, y andarán por ella los que fuman, los que compran, los que venden santitos de plástico en la puerta de la clínica para que las madrazas los compren a precios bajos, al precio de una porquería china, y regalen a sus hijas que estarán por intervenirlas en los pechos, y hacia la avenida, más arriba, habrá cafés con mesas afuera, y caminantes en las tardes de otoño de esta Mendoza melancólica, amarilla, como ahora que la veo más amarilla, quizá por mí, porque yo sé que adentro el ingeniero de mi cuerpo me modifica-rá-mortifica-rá rodilla derecha, la planea-rá, la descentra-rá, le corta-rá, le incrusta-rá, no le pertenece-rá, por eso no le importa-rá demasiado. Hay dinero, hay salario. Soy-seré su objeto de estudio, soy-seré su edificio, su plano, su problema social, una trama, una línea, un correo. La cama taxi un poco más alejada cuando llegue al quirófano, la cama taxi acercada a Flor sin mí, yo ausentado de mí. Yo soy-seré otro.
El tiempo avanza, tanto que se llegan los días que marcamos sin importancia una vez en un calendario bien pintado, de grandes obras, porque ahora nos interesan, y arriban los momentos en los que habíamos calculado algo, en los que habíamos elegido entre opciones, porque estamos condenados a la libertad de optar, de obrar de un modo u otro. El sol es un zapato para mí, todo el mundo es un pie que sostiene un aparato en el extremo, un pie con un queso rojo en la punta, de donde emergen a montones números impresos y tomamos asiento, cuanto más, hasta que nos llaman por el numerito sacado del queso, y de ahí a otro escritorio, y de ahí a otra dirección, y de ahí a otro mundo, un mundo de mentira hecho en serio o tomado en serio.
Cómo operarse una rodilla, cómo hacerlo, sólo en broma, sólo como elección, sólo a cambio de unos pesos, sólo a condición de suponerse sano, sólo si estar sano reporta eso que a veces uno cree es la felicidad. Cómo intervenirse la rodilla, sólo si entrego una demostración de haberme arrastrado por horarios inusuales en distintos organismos públicos del sistema de salud, sólo si presento una prueba de papel en la que un dentista ha jugado en serio en todas mis muelas, sólo si mi corazón funciona medianamente normal, para riesgo quirúrgico, sólo si orino en dos frascos comprados con desprecio, si tomo en serio que el primer chorro va en uno y el resto en el otro, sólo así podré hacerlo. El sol será un zapato mañana, el mundo un queso cáscara colorada con lengua de numeritos para tirar de ella, pero tal vez (con seguridad) no para los demás, pero yo hoy me siento todos, todos los demás. Cómo decir que me animo a jugar, si es mi sangre, mi articulación, mi ligamento, tus clavos. El otro estudió años para repararme, es un juego, soy una muñeca, colores que simularán pulcritud y taparán las lauchas de la cocina. El mundo es una locura que nos creímos. La rodilla una parte de mí que a partir del viernes 18 deberá mejorar como si todo hubiese sido en serio.